Wearables, tecnología vestible


Registran lo que comemos, cuentan nuestros pasos y nos avisan si no dormimos lo suficiente. Los wearables son dispositivos electrónicos que llevamos puestos como ropa y accesorios, pero llegan a saber cosas sobre nosotros que muchos desconocemos.

La tecnología vestible es una nueva fase en la evolución de los dispositivos portátiles: mientras la primera etapa se caracterizó por posibilitar la comunicación de manera instantánea, los dispositivos electrónicos avanzan hacia un entorno más personal. También, son el resultado de la miniaturización de los componentes tecnológicos: los sensores y los microchips están insertos en la ropa y accesorios que llevamos puestos la mayor parte del día. 

Ropa cargada de sensores, pulseras de monitoreo y relojes inteligentes registran y transmiten datos de sus usuarios a otros dispositivos, como el teléfono celular, de manera continua. Ese control corporal en tiempo real es uno de los pilares de la tecnología fitness, herramientas que antes llegaban a cierto mercado de atletas de élite pero que con la masificación de los wearables, se transformaron en asistentes personales de autocuidado. 

El atractivo de la tecnología fitness consiste en convertir al ejercicio físico en algo tangible para sus usuarios: cuantifican los pasos dados, las calorías consumidas o las metas alcanzadas a diario. Pero su uso masivo ¿es una tendencia que se consolida o se trata de una moda pasajera?

Según datos de International Data Corporation (IDC), uno de los principales proveedores de dispositivos inteligentes en el mercado, los envíos globales de wearables crecieron un 9,9% durante el tercer trimestre de 2021, y superaron los 138 millones de unidades entregadas. 

Los audífonos inteligentes -que se utilizan tanto para la transmisión inalámbrica, como el monitoreo médico y el seguimiento del estado físico- lideraron el crecimiento con un 26,5% en comparación con el año 2020, lo que representa un 64,7% de los envíos de dispositivos portátiles. Los siguientes, fueron los dispositivos de muñeca -una categoría más asociada al fitness- que capturó el 34,7% del mercado. A la cabeza del ranking de desarrolladoras de wearables, se encuentran Apple, Samsung y Xiamoi, según el IDC.

Marcas de ropa deportiva, como Athos, comercializan las prendas inteligentes bajo el slogan, “una solución de élite para los atletas de todos los días”. La compañía china Xiamoi, que a finales de 2021 lanzó una nueva versión de su pulsera inteligente, integró aplicaciones móviles que, desde la muñeca de su usuario, son capaces de medir el ritmo cardíaco y respiración durante el entrenamiento. Y los relojes inteligentes de Apple, no solamente recolectan e interpretan datos basados en algoritmos, sino que envían notificaciones de salud cardíaca cuando la frecuencia está por encima o por debajo de los valores indicados.

Pero por cada éxito, hay decenas de fracasos

En 2013, Google había lanzado Google Glass, anteojos inteligentes que permitían leer mensajes de texto o correos electrónicos, e incluso sacar fotos y grabar vídeos, a través de una pantalla integrada a las gafas, delante del ojo de sus usuarios. Pero la búsqueda de consumidores para este wearable de uso diario fracasó y despertó una serie de cuestionamiento sobre la privacidad cuando autoridades de protección de datos de seis países (Canadá, Australia, Nueva Zelanda, México, Suiza e Israel) pidieron explicaciones a Google sobre qué información se registraba a través de las gafas, qué datos se compartían con terceros, cómo pensaba Google utilizar esta información y, fundamentalmente, cómo garantizaban la intimidad de sus usuarios.

Con la llegada de las tecnologías wearables, los usuarios se convirtieron en una suerte de fuente conectada de datos. Desde que dieron el salto al consumo masivo con aplicaciones en el área del ocio, la salud, el autocuidado y el fitness, los wearables se enfrentaron a la objeción de quienes rechazan “estar siempre conectados”.

Los dispositivos electrónicos vestibles registran, contabilizan y notifican los movimientos del cuerpo al que van integrados. Sus usuarios los llevan a donde sea que vayan, en la ropa y accesorios que llevan puesta. Y aunque requieren un teléfono inteligente para estar en pleno funcionamiento, los wearables ya constituyen un nuevo género tecnológico que se integra a la imagen personal. 





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